domingo, 28 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN de LA ENREDADERA






Esta vez le ha tocado el turno a mi libro de haikus reunidos La enredadera, editado por la Editorial Renacimiento (Sevilla), con un inspirado diseño de Marie-Christine del Castillo y con prólogo del Profesor Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, experto en haiku. Todo un regalo. También disfruté de la compañía del poeta y gran amigo Juan Pablo Zapater, quien inició la presentación con un texto ameno y muy bien ilustrado con algunos haikus escogidos. Al final de la lectura me hizo una breve entrevista, lo cual favoreció la participación de los asistentes, dando calidez y cercanía al acto. Desde aquí, mi agradecimiento a todos.





Algunos de los haikus leídos:


Junto al estanque
centellea en los troncos
el sol del agua.

*

Un niño juega
a enterrar a su padre.
Día de playa.


*

A cada vuelta
del tiovivo, mi padre
diciendo adiós.

*


Al entregarme
la compra el carnicero,
sangre en las uñas.

*


Saltando charcos
voy al colegio y vuelvo
saltando charcos.
















(fotografías: Gabriel Alonso)



martes, 23 de febrero de 2016

POEMAS de VIRGINIA NAVALÓN










Se afila el cuchillo, 
silba el filo sobre la piedra,
se afila el tren sobre la vía, 
silba el cuchillo, 
se afila la fuga sobre el raíl, 
silba el viento sobre la hoja. 

Tú te vas. 

Yo me desangro.


* * *


Espera, 
nos queda tanta ignorancia 
para ser felices.


* * *


Las sábanas tendidas
palpitan claroscuro, 
contrastan sus azules 
espasmos. 

Como si recordasen.





(de: El peso de las alas - XVII premio internacional Flor de Jara de la Diputación de Cáceres)
(fotografía: Susana Benet)






domingo, 21 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN de LOS DONES DEL OTOÑO





El pasado viernes, día 19, tuve el placer de acompañar al poeta José Cereijo en la presentación en Valencia de su último libro Los dones del otoño. También intervino, en nombre de la editorial Pre-Textos, Manuel Ramírez. Fue en la Librería Ramón Llull, que dirige Almudena Amador y a la que acudieron numerosos amigos y admiradores del poeta.

En la introducción leí este texto que copio aquí:

LOS DONES DEL OTOÑO

Lo primero que leí de José Cereijo fueron sus haikus, reunidos en La amistad silenciosa de la luna, publicado por Pre-Textos en el 2003, (año en el que, por cierto, comencé a introducirme en el mundo del haiku).

Me impresionaron especialmente estos:

Adónde miran
los ojos de los muertos
tan fijamente.

*

Miraba el ciego
en un canto de alondra
amanecer.

Más tarde leí su poemario Música para sueños, publicado también por Pre-Textos y me di cuenta de que su sensibilidad para el poema occidental no se aparta en absoluto de la mostrada en sus haikus. Me sedujo su estilo directo, conciso, su lenguaje claro, la profundidad que encierra su aparente sencillez. Y me decidí a contactar con él. Localicé su teléfono y le llamé. Me recibió con mucha cordialidad y a partir de entonces hemos mantenido el contacto, colaborando ambos en la presentación del último libro de José Luis Parra: Inclinándome, libro que presentamos conjuntamente en la Librería Alberti, de Madrid. Pedí a José que pusiera voz a los poemas de Parra, quien había fallecido hacía poco. Sabía que iba a recitarlos con su voz potente y cálida, casi como si los recitase el propio autor. Aprovecho para darle nuevamente las gracias por aquel regalo.

También participó con sus haikus en la antología que elaboré junto a Frutos Soriano: Un viejo estanque, publicada en la colección La Veleta, editorial Comares.

Ahora llega su quinto libro de poemas Los dones del otoño, y ya el título me atrae, porque precisamente el otoño es mi estación favorita. El libro va ilustrado con una viñeta de Miriam Balaguer. Está publicado en la colección Cruz del Sur de la editorial Pre-Textos y reúne 74 poemas.

Poemas breves algunos, otros moderadamente extensos, en los que nos habla de la ausencia desde la primera página:

PAISAJE

La imagen de las casas lavadas por la lluvia.
Las nubes poderosas a las que barre el viento.
Esta luna inicial, y frágil, y amarilla.
Las primeras estrellas, los espejos del agua, el olor de la tierra.
Para ti voy diciendo estas pequeñas cosas
que ha perdido tu muerte.

Observo que cada uno de los cuatro versos iniciales, podría contener un haiku, por su escueta plasmación de lo que sucede y porque, en su brevedad, encierran una profunda emoción.

Más adelante, avanzando en el libro, nos hallamos ante motivos recurrentes como el silencio, un silencio que nos habla de esa implacable ausencia.

Una de las razones
que hacen grato el silencio a cierta edad,
es que es el ámbito de los que se fueron.

También nos dice en otro fragmento: “…las cosas que importan / están siempre rodeadas de silencio…”

En otro poema nos revela:

… hay un centro escondido
algo que sólo un gran silencio
interior puede captar, darle cobijo,
y que ordinariamente nos tapa, nos niega
nuestro propio ruido, nuestra confusión
íntima…

Investigando sobre Cereijo en la red, observo que en más de una ocasión, en algunos blogs se refieren a él como “poeta del silencio”. Y me encuentro con este comentario: Su obra poética contiene la maestría de pronunciar lo que está callado. 
Todo el libro rebosa de una nostálgica belleza, de paisajes trazados con breves elementos, algunas veces tan sencillos como una simple caja, una flor en un vaso,  unos pájaros, unos frutos caídos, la lluvia con la que compara la vida:

… Así es la vida, pienso,
así la memoria, los afectos: un poco de humedad
que, despacio, va secándose,
y que no deja nada tras de sí.

Creo que es un libro sereno, que invita a la meditación, a la reflexión, a contemplar en nuestro propio interior aquello de lo que nos habla Cereijo con esa sutil manera de transmitir emociones.

No me gusta analizar lo que leo, prefiero sentirlo. Y al leer este libro me envuelve una atmósfera teñida de añoranza, silencio, desnudez, tal como sucede en la naturaleza cuando el otoño desprende las hojas amarillas para que se abran paso los brotes nuevos. Como brotan en este libro los versos vivos.

(Susana Benet – febrero 2016)







Muchas gracias a todos por asistir y celebrar con nosotros este encuentro.





(Librería Ramón Llull - Valencia, 19 Febrero 2016)

(fotografías: Gabriel Alonso)



viernes, 19 de febrero de 2016

HAIKU








Se ha oscurecido
el cielo de repente.
Árbol sin sombra.







(fotografía: Susana Benet)



martes, 16 de febrero de 2016

AFORISMOS de ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ






Desde que muere tu madre la muerte es tu hermana.

* * *

Lo interesante de los que hablan mucho de sí mismos es lo que callan.

* * *

En los cuernos del ciervo siempre es otoño.

* * *

Esta mañana el monte era un arco iris de verdes.

* * *

El amor consigue detener el tiempo; pero cuando pasa el amor todo el tiempo regresa de golpe.

* * *

Los tontos admiran a los listos que envidian a los inteligentes que aprecian a los sabios que aman a los tontos.



(de: Palomas y serpientes - La Veleta, 2015 - Granada)




domingo, 14 de febrero de 2016

POEMA de IDEA VILARIÑO







LA FLOR DE CENIZA

El amor... ah, qué rosa.
Tenla, sostenla, súbele aguas dulces y puras,
vela la milagrosa ascensión del perfume
y esa niebla de fuego que se le dobla en pétalos.
El amor... ah, qué rosa verdadera.
Ah, qué rosa total, voluptuosa, profunda,
de tallo ensimismado y raíces de angustia,
desde tierras terribles, intensas, de silencio,
pero rosa serena.
Tenla, sostenla, siéntela, y antes que se derrumbe
embriágate en su olor,
clávate en las espadas del amor, esa flor,
esa rosa, ilusión,
idea de la rosa,

de la rosa perfecta.

(1944)

(de: Poesía completa - Edit. Lumen, 2010)

(fotografía: Susana Benet)








viernes, 12 de febrero de 2016

HAIKU







Se asoman tímidas
al borde del camino.
Flores silvestres.





(fotografía: Susana Benet)



miércoles, 10 de febrero de 2016

TEXTO de TERESA GARBÍ

Continuando con la entrada anterior sobre la presentación de Lo olvidado, incluyo el texto escrito y leído  por Teresa Garbí que sirvió de amena introducción y que le agradezco por sus sensibles palabras.






Lo olvidado, de Susana Benet
Galería Imprevisual, 5 de febrero de 2016

Lo primero que llama la atención en este libro de Susana Benet, Lo olvidado, es su belleza física. Esta belleza lleva aparejada un tempo lento. Hay que extraer el libro de la bolsa, ver la señal de página, que tiene mucha 
importancia, dado que no hay paginación y hay que leer el haiku:

“También los pétalos
marchitos de las flores
visten la mesa”.

Es preciso mirar con detenimiento este objeto, pasar lentamente los dedos por la hermosa encuadernación. Todo un ritual de aproximación que nos conduce a la lectura especial que requiere este libro.
Felicitamos a los editores colombianos, Frailejón Editores,  que han sabido dar el espacio que merecen los poemas de Susana Benet.
Susana Benet es una poeta reconocida que ha publicado hasta ahora libros inolvidables: Faro del bosque, Lluvia menuda, Huellas de escarabajo, La durmiente y, hace unos meses, La enredadera, que recoge sus haikus.
En Lo olvidado no todo son haikus, pero se puede decir que en los poemas incluidos en este libro hay un aire de haiku: brevedad, intensidad, brillo de la naturaleza.
El haiku, según se nos cuenta en la introducción a Poemas japoneses a la muerte escritos por poetas de haiku (DVD Ediciones),  procedería del Renga: grupos de versos de 17 sílabas (5, 7, 5) y catorce (7 y 7). Fue Matsuo Batso (1644-1694), uno de los poetas de haikus más importantes. Él y sus discípulos optaron por componer sólo el pasaje inicial del Renga, el hokku o fase de apertura, como un poema en sí mismo al que se le llamó haikai y después haiku.
En el prólogo a la antología de haiku contemporáneo en español,  Un viejo estanque, preparada por Susana Benet y Frutos Soriano, se dice que todo haiku “es una cierta instantánea visual y asimismo una escuela de cómo mirar”. Se trata, además, de “una poesía de la sensación o un breve poema sensitivo”.
Lo primero que enseñan o enseñaban en una formación artística es a saber mirar, a ver, que no es poco. Como dice Antonio Rivero Taravillo en un comentario al último libro publicado de Susana Benet, La enredadera: “Ver es el preámbulo del decir, su antecedente necesario”.
 Las artes no están separadas en oriente, como en el arte occidental. En la pintura china, por ejemplo, se aprende técnica de los maestros, pero no se imita la naturaleza. Cuando ya se domina la técnica, el pintor chino sale al campo y medita sobre el agua, el paisaje. Después, de vuelta a casa, intenta recrear el estado de ánimo que le suscitó su disfrute, acompañado de unas palabras. Es decir: pintar es como escribir un poema. O como dijo Leonardo: “La pintura es la poesía que se ve”. El pintor plasma su impresión y la acompaña con palabras. No es de extrañar que los impresionistas se interesaran tanto con esa forma de entender el arte. Aunque no dieran el paso de unir imagen y palabra.
Susana Benet sí lo ha dado, como pudimos ver, hace poco, en la exposición Instantes pintados, con acuarelas de Gabriel Alonso, verdadero manifiesto de lo que se puede lograr vinculando lo que de hecho existe unido: imagen y palabra. También en su libro Jardín se asocian ambas. Asimismo lo podemos ver en su blog, Noches blancas, en donde los poemas se acompañan de acuarelas propias.
Como dice García Martín en una reseña reciente a La enredadera: “Saber mirar, saber decirlo en las diecisiete sílabas del haiku (ni una más ni una menos), en eso se resume el arte de Susana Benet. En sus versos no hay pastiches orientalistas ni artificiosas iluminaciones más o menos zen, hay una jaula oxidada en la basura”.
Lo más interesante de la poesía de Susana Benet, no sólo de los haikus, es que logra fundir la poesía oriental con la occidental de una manera genuina. No trata de acomodarse a formas que le han sido ajenas, sino de fundir su intención con la tradición poética occidental. Y esta fusión abre un aire de libertad, nuevos horizontes y posibilidades.
Con la poesía de Susana Benet aprendemos a mirar, a captar la vida, a contemplar la hondura de cada instante.
Las palabras resbalan en desnudez extrema para decir verdades universales, por ejemplo: la fugacidad del placer que se vuelca rápidamente en el olvido. Ya en el primer poema de Lo olvidado, se sumerge al lector en una esfera en que la vida sucede implacable, pero nos llena, a la vez, de serenidad y aceptación, dado que, por encima de todo, transcurre su belleza:
“Tan rara es la alegría.
tan fugaz el placer
cuando se alcanza”.

Una belleza inquietante que invita siempre a la contemplación para descubrir que la vida puede vivirse en varias dimensiones y puede suceder todo a la vez: el día y la noche, como ocurre en el poema que lleva por título “La sombra del pasillo”:
“Creo haber despertado.
Y no es cierto.
La sombra del pasillo es otra noche
que recorro con paso sosegado.

Detrás de las ventanas brilla el sol,
se eleva la estridencia de los pájaros,
las señales sonoras de la vida.

Mientras, yo permanezco todavía
sumida en el letargo, cautiva de la niebla,
protegida del filo hiriente de la luz.”

De la misma manera, el recuerdo del peral en flor permanece en sus venas:

“Y si alguien preguntase
por mí, por qué no vuelvo,
decid que mi memoria
no marchita sus flores,
que sus raíces siguen
el curso de mis venas.”

Puede retenerse el instante en tres versos, ese instante que habla de algo más hondo, que dibuja un perfil capaz de expresar lo que es la vida, bajo la capa de cotidianeidad:

“Motas de polvo.
Una brizna de luz
enciende el aire.”

La vida es naturaleza. Susana Benet se sumerge en el entorno porque es “una sombra /callada que respira”.
El viento llama a su puerta: “Nadie ha llamado/ a mi puerta en dos días, / salvo el viento”.
La fugacidad de la vida se transforma en permanencia por la capacidad de Susana Benet de captar lo esencial, por ejemplo, en “Acuarela”:
“Ya no es papel, es aire,
serena transparencia que sostiene
la sencilla verdad de las figuras”.

Una permanencia de aire y de rastros, de Ráfagas, título de su colección de haikus premiada en Colombia.
Delimitar así, como lo hace Susana Benet, una vivencia, una intuición, es verdaderamente prodigioso. Porque capta con sus palabras un destello que irradia y se presta a múltiples interpretaciones.
Por ejemplo, en la oscuridad de la vida humana hay “una fresca luz que traspasa/el peso de las sombras”.
En “Revelación” la muerte abre otro mundo de paz infinita, que nada tiene que ver con “el silencio, / tan ajeno a la vida”. En otro poema ya citado, el que se repite en la señal de página, “También los pétalos/ marchitos de las flores/ visten la mesa”. Delicadamente, con tacto de pétalo, se nos sugiere que todo, también la muerte, puede engalanar la existencia.
En otro poema que lleva por título “De qué me serviría”:

“No menosprecio
el más mísero instante
que a tu lado la vida me conceda.
No sólo el más feliz,
tampoco el más amargo.”

La autora concibe el mundo como totalidad: toda la naturaleza se vuelca hacia la luz. Todos los rostros son “una mínima parte de otro rostro/armónico, total, inabarcable” (“El rostro”).
En este poema y en “Invierno” parece que la autora intuye el mundo de los fractales:

“Leve bruma de invierno
sobre el rojo apagado
de los geranios (…)
Bajo el inmóvil cielo
parece que la tierra
se haya dormido
y que el jardín, desdibujado,
no sea más que un sueño.”

Es decir: se repite lo mínimo en lo máximo, y al revés: los geranios y la tierra en su totalidad.
Lo mismo sucede en “Tres en raya”. Una escena doméstica, pero inquietante: tres gatos en su danza hasta que el rayo estalla en el cristal de sus pupilas.

El deber del poeta, entre otros, es indagar sobre las apariencias. Susana Benet, bajo la clara cotidianeidad, nos sumerge en una esfera inquietante: si nuestros ojos miran sin poder apresar las imágenes, la mente se adentra en un profundo vacío sin figuras (“La mirada”). La mirada tiene, además, la capacidad de evocar, de invocar presencias perdidas, como puede verse en “Humo”:

No estás aquí, tan solo queda
una delgada sombra
al lado de la mesa donde tú
antaño te sentabas.
Bajo esta escasa luz te vuelvo a ver (…).

En medio de la contemplación, de pronto, emerge la soledad. Como advertimos en “Nubes de lluvia”:

“Nadie con quien mirar
por la ventana.”
O en “Viento”:
“Sus ráfagas heladas
agitan mi interior
inhóspito y oscuro
como el más crudo invierno.”

No es habitual en la poesía oriental, en los haikus, que aparezcan estos momentos personales. Pero Susana Benet, ya lo hemos dicho, ha sabido apartarse de una senda rígida, ortodoxa, para ofrecernos poemas nada convencionales y con temas que, habitualmente no se tratan en este género.
El poema que lleva por título “Lo olvidado” transforma esa naturaleza, esas ruinas, esas callejas por donde nadie transita, en “la vacua plenitud de lo olvidado”. Llama la atención hacia lo esencial:

“Internarme ligera en la espesura
de secretos parajes”

El silencio, la soledad, la naturaleza, nos evocan otros versos de San Juan de la Cruz:

“Y entremos más adentro en la espesura”

Encontramos en este hermoso libro, Lo olvidado, una identificación con flores, brotes, pájaros y gatos, elementos también de la naturaleza: el gato busca “la mínima evidencia que demuestre/ que amé, que estuve viva” (“Huellas”). La voz de otro gato es su “propia voz vibrando/al fondo del lamento interminable”.

Como dice José Luis Morante, en un comentario en su blog, Puentes de papel: nos hallamos ante una poesía “hecha con matices que enriquecen la grata apariencia de lo más humilde.”

En definitiva: les animo a disfrutar la belleza de este libro, Lo olvidado, con un título que parece ser una antífrasis de lo que nos sucede a quienes nos acercamos a leerlo: imposible olvidar su belleza en todos los sentidos. Me recuerda la placidez que provoca la contemplación de paisajes pintados por artistas chinos, a quienes me refería al principio. Los pintaron para provocar una meditación profunda y eran contemplados y meditados al modo con que se abre un libro de poesía y se lee y relee un hermoso poema. Tomemos en nuestras manos Lo olvidado, despacio, disfrutando las sensaciones táctiles y visuales que nos produce su encuadernación artesanal y adentrémonos en su interior, aún más bello.




 (Familia y amigos)



(fotografías: Gabriel Alonso)



sábado, 6 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN de LO OLVIDADO








Ayer tarde, en la galería de arte Imprevisual (Valencia), presenté mi libro Lo olvidado, acompañada por la escritora Teresa Garbí y los amigos que acudieron al acto. Quiero agradecer a todos ellos su estimulante presencia, así como al director de la galería: Arístides Rosell, quien se ocupó de todos los detalles de forma impecable. Teresa leyó un ameno y elaborado texto y, a continuación, leí algunos de los poemas del libro, entre los que se incluyen haikus. El pequeño libro artesanal, publicado por la editorial Frailejón (Medellín, Colombia) tuvo mucho éxito, tanto que se agotaron los ejemplares. Y, al finalizar, entre vinos y conversaciones, se creó un ambiente grato y relajado. Gracias a todos.


MADRE
                        A mi hija, Ariadna

Con qué tierno cuidado
protege a su bebé
del sol con la sombrilla
y arrulla en la toalla
el vulnerable cuerpo.

Después pliega la ropa
sacudiendo la arena
y se vuelve un instante
a contemplar el mar.

No puedo ver su rostro,
pero sé que posee
el rostro de las madres
pacientes, que se inclinan
como se inclina el árbol
al sostener sus frutos.








EL GATO
                        A mi hijo, Aarón.

No puede ser que el gato,
en su reposo inmóvil,
los ojos bien abiertos
y las pupilas quietas,
no se adentre en espacios
que los hombres ignoran,
no se encuentre sumido
en profunda, en perfecta
meditación.
                        







Bolsa de plástico.
Alguien dejó olvidados
unos limones.




(fotografías: Gabriel Alonso)


viernes, 5 de febrero de 2016

HOY PRESENTACIÓN






Esta tarde presento mi libro Lo olvidado, publicado en Medellín (Colombia) por la editorial Frailejón, Será en la Galería Imprevisual de Valencia, Calle Dr. Sumsi, 35 bajo. A las 19,30. Lo recuerdo a todos quienes ya estáis avisados, pero también a quien pueda interesarle y le apetezca acudir a celebrarlo conmigo.

Me presentará la escritora Teresa Garbí.

Os espero.

miércoles, 3 de febrero de 2016

HAIKU









Terraza al sol.
Tiene el invierno rostro
de primavera.







(fotografía: Susana Benet)