miércoles, 18 de octubre de 2017

HOMENAJE A JOSÉ LUIS PARRA










Ayer tarde nos reunimos amigos y admiradores de José Luis Parra para una lectura-homenaje en su memoria cuando se cumplen cinco años de su fallecimiento. 

Para comenzar, leí mi artículo "Henchida soledad" ya publicado en este blog, así como en la revista Estación Poesía núm. 5 y que ha servido de prólogo a su antología: "Anunciación del aire", editada por Frailejón en Colombia. Un texto en el que hago un recorrido por la vida del poeta a través de sus versos.

A continuación hubo un recital en la voz de los poetas que desearon participar, mostrando así su admiración y afecto:

Blas Muñoz
José Saborit
Lola Mascarell
Begoña Pozo
Mila Villanueva
Francisco Benedito
Carlos Marzal
Elena Torres
Juan Pablo Zapater
Manuel Emilio Castillo
y las grabaciones de Sandro Luna y de Antonio Cabrera.







Fueron muchos quienes se acercaron y disfrutaron de esta lectura de poemas que, al cabo de los años, conservan la frescura y fuerza con que fueron creados. Amigos de siempre, que compartieron con Parra inolvidables momentos  vividos en el Café Malvarrosa, donde le animaron a publicar sus primeros libros.






Copio a continuación uno de mis poemas favoritos, ese poema que no leí en público porque siempre me emociona, en el que Parra añora la presencia de su madre.


VERANO 93

No me muevo de aquí.
Siempre en la galería, siempre
sentado en esta silla de cuerdas, despintada,
que tanto usó mi madre. Junto a esta lavadora
con no pocos achaques, convertida
en insólita mesa de trabajo
donde se apilan libros y papeles
por corregir. Yo fumo, fumo, fumo,
y veo en humo derrocharse el tiempo de mi vida,
y miro en las ventanas, en los muros manchados
de la casa de enfrente, reflejarse
el mismo día sin promesas,
la misma fecha caducada,
repetirse un verano interminable
de persianas verdosas desvaídas
y toldos azulados polvorientos.
Miro las tuberías,
obscenamente al descubierto,
la maraña de antenas en terrados vacíos,
las sábanas, toallas, bañadores,
inmóviles en la canícula,
el grávido silencio de un sol que nos aplasta.
Es todo mi paisaje, mi verano.
Atado al Nunca más en esta silla
que tanto usó mi madre.
                                          Si volvieras…
aunque fuera tan sólo por un día,
como en Méjico dicen que regresan los muertos.














(fotografías: Gabriel Alonso)




domingo, 15 de octubre de 2017

HAIKU







Sobre una loma
se empina entre los pinos
la torrecilla.







(fotografía: Susana Benet)




martes, 10 de octubre de 2017

HAIBUN








OSCURIDAD

Qué agradable esta oscuridad que invita a la calma, al recogimiento, no como cuando el sol estalla sobre las cosas y la gente se vuelve inquieta y va de un lado a otro hablando en voz alta, gesticulando, invadiendo impaciente las aceras. Días en que apenas se puede pensar porque la luz aturde. En cambio ahora, cuando una lluvia mansa susurra sobre el asfalto, un plácido silencio se apodera del aire. La gente se dispersa, se refugia en los espacios cerrados, y los pocos que caminan por las calles, lo hacen cabizbajos, ensimismados, reverentes.

Esta oscuridad no es algo cerrado, opresivo, sino que esparce una sutil claridad desde las nubes, avivando el verdor de los árboles con levísimos reflejos nacarados. Uno se siente sumido en la transparencia, como si recorriese las naves de un templo, donde la luz blandamente se filtra por las altas vidrieras.

Se escucha en la distancia el tímido trino de algún pájaro o el roce amortiguado de las ruedas sobre el húmedo asfalto, como una letanía que adormece.

Sobre las ramas goteantes, las flores entreabiertas reposan inmóviles, con sus pétalos recién lavados, y las pálidas hojas, preludio del otoño, empiezan a teñirse de rojo y amarillo.

Duermen las ramas
empapadas de lluvia.
Bosteza el sol.






(fotografía: Susana Benet)


viernes, 6 de octubre de 2017

POEMA de ANTONIO MANILLA







El herido horizonte, el vuelo de los pájaros,
los vilanos que huyen y las nubes que pasan.
El agua de la fuente, monótona y distinta,
sonando como un alma. Los versos de Virgilio,
a media luz leídos. El niño que contempla
la hoguera del otoño que enciende la distancia.
Aquella cuyo nombre dio nombre a cada cosa.
El ganado que vuelve y el humo de las casas,
poniendo marco al aire. El despierto silencio,
el sueño que nos vence, la flor que se desangra.
El recuerdo del padre, que vive en el paisaje
y es ceniza y frío y soledad y nada.


    La tarde los reúne y nos alcanza.




(de: Una clara conciencia - La Veleta. Granada)

(acuarela: Susana Benet)


domingo, 1 de octubre de 2017

HAIKU








Entro en un túnel.
Atravieso el profundo
vientre del bosque.







(fotografía: Desde el tren - Susana Benet)



lunes, 25 de septiembre de 2017

HAIKU







Jardín urbano.
Parlotean cotorras
en las palmeras.








(fotografía: Susana Benet)









jueves, 21 de septiembre de 2017

CIEN VISIONES DE GUERRA de Julien Vocance (1878-1954)





En la tarde de ayer volvimos a reunirnos en la Librería Ramón Llull de Valencia, esta vez para presentar las "Cien visiones de guerra" de un soldado poeta que participó en la I Guerra Mundial y capturó sus imágenes a través del haiku. Su nombre es Joseph Seguin, aunque adoptó el de una población francesa llamada Saint Julien Vocance. Traduje esos breves poemas con la intención de darlos a conocer en España, ya que me habían conmovido profundamente. El resultado es un libro editado por Renacimiento (Sevilla) que contiene, aparte de las "Cien visiones de guerra", una segunda parte titulada "Fantasmas de ayer y de hoy" con ilustraciones de la Grande Revue, donde se publicaron estos haikus en 1916.

Me acompañó en la  lectura el poeta Francisco Benedito, que leyó la  versión en francés.






Si saco mi cabeza se enfriará.
Si saco mis pies, se helarán.
Me acurrucaré.


*

Con la tierra
sus cuerpos celebran nupcias
sangrientas.









Para llegar hasta mi piel
no podrán las balas atravesar
mi coraza de lanas.


*

De madrugada
sorben ávidamente
la sopa fría.

*



(en la imagen, de izquierda a derecha: Damián Agudo, Susana Benet, Francisco Benedito, Rafael Benet, Yolanda Iborra, Teresa Luna y Javier Balaguer)


Al final de la lectura brindamos por Vocance y por el haiku, como homenaje a todos los soldados que sufrieron, como él, en las trincheras.


(fotografías: Gabriel Alonso)